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Todavía ES verano.
Me niego a desterrar los pijamas del armario.
Hoy me he despertado con un euro (francés) pegado, literalmente, a mi muslón exterior izquierdo -zona superior-. No tengo ni la más remota idea de cómo ha acabado la moneda ahí; en mi cama. Y la verdad, tampoco me importa ni me molestaré en averiguarlo. Pero con la tontería después de la incredulidad legañosa frente al espejo y la carcajada fácil en la ducha, el buen humor se me ha pegado también para el resto de la mañana, o lo que llevo de ella al menos.
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