Retazos III
.
(ii)
Me di cuenta de golpe, cuando en mis oídos retumbó el silencio ensordeciendo la música que giraba sobre nosotros en aquel local, concentrados todos los sentidos en la piel de mis yemas, pulgar e índice. Comencé a apartar lentamente mi mano, pequeña y traviesa, cuándo tus ojos tomaron la iniciativa y me susurraron, déjales.
Era el juego, no había más que seguir las reglas sin imaginar que hubiera otra cosa, una especie de verdad o de desesperación.
La conciencia de que mi dedo te acariciaba de nuevo, primero uno y luego dos trepando por tu entrepierna, rozándola, ciñéndola, buscándola, urgente, húmeda, dura, cercana, mía, poseyó el espacio entre tu taburete y el mío, empequeñeciéndolo, difuminándolo bajo la respiración de los dos. Y fue entonces cuando tu –vámonos- empapó bruscamente mis bragas.
<< Descalza