Descalza


Deambulo en mi habitación como una loca.
Veo a mi triste sombra seguir inútilmente mis pasos.
La sorprendo besándome el tobillo.
Y por un momento, me río de mí misma
mientras continúo mis pasos sin sentido.

viernes, diciembre 17, 2004

Grito

(...)

No pudo esperar al día siguiente, y esa misma noche gritó. El grito retumbó en los muros de roca de la cueva. Un alarido. Una queja. Por su boca abierta escaparon de golpe todas sus renuncias. Ella sentía en los labios el roce del aullido al salir.

Él la escuchaba sin alarmarse, buscó sus manos y encontró sus puños cerrados. Ella abrió los dedos y los entrelazó a los de él, apretaron los dos y él comenzó también a gritar. Sus bocas se acercaron para unirse en el grito, para compartirlo de cerca. El grito les llevó al silencio y los labios al beso.

30 de junio de 2.004