Descalza


Deambulo en mi habitación como una loca.
Veo a mi triste sombra seguir inútilmente mis pasos.
La sorprendo besándome el tobillo.
Y por un momento, me río de mí misma
mientras continúo mis pasos sin sentido.

viernes, octubre 08, 2004

Viernes. Primera parte.

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No vuelvo a correr para coger el ascensor. Hoy tocaban gestiones de traje y corbata. Así que me he enfundado mis zapatos de la suerte. Los de corsaria. Los mismos que tienen un tacón minúsculo, tramposo y cabrón. Ha sido el derecho. Que ha decidido rebelarse, no sé si harto de patear culos o por pura pereza. Y se ha quedado ahí, atascado en la zanja abierta en el suelo del ascensor. Y la puerta que sigue cerrándose, con hambre, mordiendo mi manoletina morada. Indiferente, el trasto asesino se pone en marcha y comienza a bajar. Yo ya estaba rezando por el alma de mi zapato para cuando hemos conseguido pararlo. La punta acusica y relamida me llegaba justo a la altura de los ojos. Los presentes me daban el pésame; tienes que seguir viviendo, ya encontrarás otro. El viudopie no sabía dónde esconderse de las miradas contenidas, curiosas y complacientes Subimos otra vez a la quinta, y me preparo para el entierro. Tengo un zapatogato no sé como no me di cuenta antes, por los bigotes. No ha hecho falta ni el boca a boca. Cuatro magulladuras y ningún hueso roto. Y todavía le quedan 6 vidas.